Holismo

“Holismo” quiere decir “global”, “integral”, “todo”, “conjunto”. Y se basa en la idea de que nada está separado del resto en un sentido estricto, sino que todo permanece siempre unido e interrelacionado entre sí. De modo que cuando “algo” se ve afectado, en cualquiera de sus ámbitos y ya sea en un sentido positivo, ya negativo, también el resto del “todo” se verá igualmente afectado.

Por lo tanto, el holismo es, en pocas palabras, la visión e interpretación en un sentido global de un conjunto de elementos que integran un todo.

Se trata de una concepción de la vida y cuánto hay en ella en la que cada una de sus partes, ya sean animales, minerales o plantas, ya personas y, de entre ellas, los distintos elementos que la conforman como músculos, tejidos y órganos, están “unidas” entre sí y con las demás, siendo finalmente el “todo” mayor que la suma individual de sus partes.

Es decir: aunque el cuerpo humano está formado por brazos, piernas, cabeza, torso, etc, la “persona” en sí misma es algo más que la suma de estos elementos por separado. Es algo más que dos brazos y dos piernas unidos a un torso y con una cabeza. Hay algo más que hace a la persona ser persona, a la planta ser planta, y a la vida ser vida, además de estar meramente vivos.

De este modo, también la salud (o la enfermedad) puede interpretarse en un sentido más “global” e “integral”, entendiendo que todo lo que nos ocurre tiene una causa más allá de la aparente y también una afectación más allá de lo evidente. Permitiendo trascender la vieja noción cientificista en la que si te dolía la espalda nada tenía que ver con una mala postura del pié, por ejemplo, o con las emociones y los pensamientos que tenemos.

Igual que el aleteo de una mariposa en un lugar del mundo puede acabar generando un huracán en otro lugar, también en nosotros todo lo que hacemos, comemos, pensamos, sentimos, ¡y lo que hacemos con lo que pensamos y sentimos!, tiene unos efectos aparentemente inconexos en nosotros que favorecen o deterioran la salud, tanto física, como mental, emocional y energética.

¿Por qué comer determinados alimentos nos da sueño y en cambio otros nos revitalizan? ¿Por qué pensar en positivo te hacer tener más energía y sentirte mejor contigo mismo y tener un aspecto físico más vital? ¿Y en cambio, hacer lo contrario, produce el efecto contrario? ¿Por qué al hacer ejercicio luego nos sentimos mejor y con la mente más despierta? ¿Por qué reír y sentirte bien te hacen trabajar mejor y te dan ganas de hacer más actividades y tener más vida social?

Pues porque todo, absolutamente TODO, está interrelacionado entre sí y todo se ve afectado por el resto en la misma medida en que el resto por el todo.

Tensiones musculares o dolores articulares; herpes y dermatitis; alergias; trastornos sexuales y digestivos; dolores de cabeza o de regla… son todo expresiones físicas manifestadas en el cuerpo, de algo que se está removiendo por dentro de manera imperceptible, pero que quedan reflejadas en él.

Trastorno límite de la personalidad, TOC, bipolaridad, hiperactividad… Pero también el estrés, la ansiedad, el insomnio o el agotamiento y fatiga; En este caso, son elementos mentales que nos producen malestar e incomodidad por alguna emoción mal gestionada o ignorada.

Crisis existencial, sentimiento de vacío, falta de sentido de las cosas, sentir que estás “perdido”… una vez más, tanto en un sentido mental, como emocional y energético, hay algo que no “encaja” y que acaba repercutiendo en el cuerpo en sus múltiples facetas patológicas.

Los cuatro cuerpos:

físico, mental, emocional y energético

Factores como los conflictos emocionales, mentales y energéticos se suman a los ya conocidos fisiológicos, siendo muy a menudo la causa de estas dolencias físicas, presentándonos al ser humano como un sujeto multidimensional, dinámico, sistémico e interrelacional, donde cada “dimensión” afecta a las otras.

Estas dimensiones, pues, remiten a los “cuatro cuerpos” de los que se compone la persona: cuerpo físico; cuerpo emocional; cuerpo mental; y cuerpo energético, estando todos ellos indisolublemente interconectados. Y la salud, en su más cuidada y precisa acepción, se explica por el correcto equilibrio entre todos ellos.

Así, hablamos de “holismo” cuando nos queremos referir a la idea de totalidad, de globalidad y de conjunto, en el sentido en que es mirando el todo integrado y global lo que en definitiva determina cómo se comportan las partes.

Salud integral

Y es que en el fondo, el cuerpo físico no es más que el campo de batalla donde se exterioriza la lucha interna, (ya sea emocional, mental o espiritual), dejando en él sus trazos a modo de expresión materializada y visual de los conflictos que nos sobrevienen, (lo que se denomina “somatización”), como si fuera un lenguaje propio para saber en qué nos estamos equivocando y sobre qué debemos reflexionar.

En el Institut de Salut Holística concebimos la salud integral como el equilibrio de estas cuatro dimensiones mencionadas, y la integración consciente de nosotros mismos como un complejo y sofisticado sistema donde cuerpo, mente, corazón y espíritu son y forman parte de lo mismo.